
La corbata ha sobrevivido. Ha aprendido a convivir con los nuevos productos de la época: coexiste con la coca cola, las converse y hasta con los Punks, que hoy lucen provocativas corbatas como expresión de rebeldía. Y sí, los tiempos han cambiado.
Tics y fetiches aparte, lo que es indiscutible es que durante muchos años la corbata en cuestión fue la única nota de color, ese touch de fantasía y “locura” en el aburrido atuendo masculino y aún es prenda inexcusable en aquellas ocasiones en que se ruega etiqueta.